La imagen de Sydney Engelberg, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sosteniendo con calma a un bebé que lloraba durante una de sus clases ha dado la vuelta a internet. Más que una escena curiosa, la fotografía ha despertado admiración por la sensibilidad y la naturalidad con la que actuó.
Un gesto que nació de la empatía
Engelberg, originario de Sudáfrica y con 45 años de trayectoria docente, imparte clases de posgrado, donde la mayoría de sus alumnos son adultos. Entre ellos hay varias madres jóvenes que, en muchas ocasiones, asisten acompañadas de sus hijos. Lejos de ver esto como un problema, el profesor lo considera parte de un ambiente de aprendizaje humano y flexible.
Según su familia, él siempre ha defendido que estudiar no se limita a memorizar teorías o responder exámenes. Para él, enseñar también significa acompañar, comprender y mostrar respeto por las circunstancias personales de cada estudiante.
“La educación no solo ocurre en los libros; también se transmite con ejemplos, valores y trato humano”.
En esa ocasión, la madre del bebé estaba a punto de salir del aula cuando el pequeño comenzó a llorar. Engelberg, sin interrumpir el ritmo de la clase más de lo necesario, tomó al niño en brazos y lo tranquilizó con serenidad. Después, continuó explicando la lección como si nada extraordinario hubiera ocurrido.
Un aula más cercana y acogedora
La escena refleja una dinámica que ya era habitual en sus clases. Muchos estudiantes acuden con sus hijos, y algunos incluso los alimentan o cuidan durante la sesión. Esa normalidad, para Engelberg, forma parte de un entorno académico que no excluye a quienes también tienen responsabilidades familiares.
- Respeto por la vida personal de los alumnos.
- Comprensión ante las dificultades cotidianas.
- Educación basada en valores y no solo en teoría.
Su hija explicó que, para él, el gesto no tenía nada de excepcional, porque simplemente estaba actuando con humanidad. Aun así, la fotografía ha tocado a miles de personas, precisamente porque muestra una forma de enseñar que combina conocimiento y compasión.
Por qué la imagen conmovió tanto
En tiempos en los que muchas personas sienten presión por rendir al máximo sin mostrar vulnerabilidad, esta escena ofrece un mensaje distinto: es posible aprender y cuidar al mismo tiempo. La reacción del profesor no fue grandilocuente ni ensayada; fue una respuesta sencilla, pero profundamente significativa.
La popularidad de la foto también ha servido para recordar que las aulas pueden ser espacios más inclusivos cuando se mira a los estudiantes como personas completas, con deberes, emociones y familias. Esa visión no debilita la enseñanza: la hace más cercana y más real.
Un pequeño gesto puede dejar una huella enorme cuando nace del respeto y la empatía.
En resumen, la fotografía de Sydney Engelberg con el bebé en brazos se ha convertido en un símbolo de humanidad dentro de la educación. Su actitud demuestra que la verdadera enseñanza no solo transmite contenidos, sino también valores, comprensión y calidez. Por eso, su ejemplo sigue inspirando a docentes, padres y estudiantes de todo el mundo.