Mi novio celoso puso en su lugar a mi prima interesada en una tensa reunión familiar

Hay límites que jamás deberían cruzarse, pero cuando mi tía me apartó en el cumpleaños de mi abuela para pedirme que le cediera mi pareja a su hija, comprendí que la desfachatez de mi familia no tenía freno. Su ridícula propuesta destapó viejos rencores y desató un conflicto que nadie vio venir.

Una exigencia descarada: ceder a mi pareja

Mi nombre es Romy Hensley, tengo veintisiete años y me dedico al diseño de novelas gráficas desde mi hogar en Boston. Mi novio es Rafferty Voss, conocido simplemente como Rafe; tiene treinta y un años, un porte imponente y dirige una exitosa firma de inversiones. Llevamos dos años de relación sólida, marcada por su instinto leal y extremadamente protector, aunque a veces desconfíe de cualquiera que intente acercarse demasiado a mí.

El detonante ocurrió durante el cumpleaños número ochenta de mi abuela Dorothy, la única razón por la que acepté volver a la mansión familiar. Apenas llegamos, mi prima Sabine de veinticinco años fijó su mirada en él. Minutos después, mi tía Lydia me acorraló cerca de la cocina con una petición insólita:

«Romy, tu prima se ha enamorado de tu novio. Eres mayor, sé madura y déjaselo a ella. Tu tío y yo tenemos pensado a alguien más para ti».

El hombre que tenían en mente para mí no era otro que Colton, el hijo del primer matrimonio de Lydia, alguien con quien no comparto sangre pero sí recuerdos sumamente perturbadores.

El oscuro historial de la familia y el despojo

La audacia de mis tíos no nació de la nada; arrastra años de abusos. A mis catorce años, perdí a mis padres en un fatal accidente automovilístico, dejándome como herencia una empresa de empaques, una residencia y un fideicomiso para asegurar mi futuro. No obstante, la realidad fue demoledora:

  • Mi tío Everett asumió la tutela legal y el control administrativo de los bienes.
  • La empresa y la casa pasaron a su dominio cotidiano mientras mi fideicomiso se esfumaba.
  • Sabine se apropió sin pudor de mi habitación, mis ropas y pertenencias personales.
  • Mi tía Lydia normalizaba el despojo llamándolo generosamente «compartir».

Al cumplir dieciocho años me marché de esa casa para construir mi camino independiente con extenuantes jornadas de ilustración independiente. Nunca les debí nada, a pesar de que ellos insistían en exigir gratitud por un techo que originalmente pertenecía a mis padres biológicos.

Sabine intenta seducir a mi novio celoso

Durante la recepción, Sabine ignoró por completo los límites del respeto e intentó acaparar la atención de Rafe de inmediato. Al preguntarle si estaba casado, Rafe respondió secamente que no, pero remató con firmeza que ya sabía con quién deseaba casarse, borrándole la sonrisa de inmediato.

Durante la cena, los intentos de mi prima continuaron sin tregua:

  • Insinuó con sarcasmo que yo lo tenía amaestrado mientras él me servía los mariscos.
  • Empujó su propio plato pidiéndole atenciones idénticas.
  • Rafe la rechazó fríamente diciéndole que estaba seguro de que ella podía arreglárselas sola.

Más tarde en la sala, Sabine volvió a la carga reprochándole su frialdad y alegando que podían entablar una amistad. «No me interesa fomentar malentendidos», contestó él con total aplomo antes de que mi prima se marchara furiosa ante mi disimulada risa.

La sombra de Colton en los pasillos

Mientras Rafe me aseguraba en voz baja lo importante que era para su vida, noté a Colton vigilándonos desde el corredor con una mirada que me revolvió el estómago. Once años atrás, cuando yo tenía dieciséis, aquel individuo había irrumpido sin permiso en mi dormitorio, negándose a salir hasta que amenacé con pedir auxilio a gritos. Mi tía lo minimizó como una confusión infantil, pero la herida de esa invasión jamás cicatrizó.

«A veces creo que eres la única persona que no se da cuenta de lo mucho que significas para mí», me susurró Rafe antes de que nos fuéramos a descansar.

Nos asignaron la pequeña habitación de huéspedes al final del piso superior. Poco después de la medianoche, me desperté para dirigirme al baño y asearme las manos, sin sospechar que una emboscada estaba en marcha.

El acorralamiento nocturno y la interrupción

De pronto, la puerta del baño se abrió y Colton entró cerrando el paso tras de sí. Con una actitud arrogante, bloqueó la salida e ignoró mis reiteradas advertencias para que se apartara, insistiendo en que yo siempre actuaba con superioridad y que Rafe jamás llegaría a comprenderme como él.

Cuando intenté alcanzar la manija, Colton me sujetó firmemente por la muñeca con fuerza implacable, acorralándome mientras mi pulso se aceleraba en medio del pánico contenido. Justo en ese instante de terror, una voz gélida resonó desde el umbral:

«Quita tu mano de ella».

Rafe estaba parado en la entrada, completamente sereno pero con una frialdad escalofriante, clavando sus ojos directo en la mano que oprimía mi piel. Le ordenó a Colton que retrocediera mientras me pedía que me colocara detrás de su espalda. Sin embargo, en lugar de soltarme, Colton esbozó una sonrisa descarada y soltó una advertencia provocadora: «Tal vez quieras escuchar lo que tu novia me prometió antes de jugar al héroe».